domingo, 9 de enero de 2011

A prueba de balas

(Al hilo del tiroteo de Tucson, rescato varias entradas del antiguo blog sobre balas y política.)

De Un Vasco en Nashville:

El lunes 30 de marzo de 1981, apenas dos meses después de haberse hecho cargo de la Pesidencia de los Estados Unidos, Ronald Reagan pronunciaba un discurso de 18 minutos ante una audiencia de 3,500 personas, la mayoría miembros del sindicato AFL-CIO, en el Hotel Hilton International, en la Avenida Connecticut de Washington DC, cerca de la Casa Blanca. En una parte de su mensaje, no especialmente significativa, decía el Presidente: "El crimen violento ha aumentado en un 10%, haciendo que las calles sean inseguras y las familias sientan temor en sus propias casas".

Fue muy aplaudido. Poco antes de las 2,30 del mediodía, el Presidente Reagan salía de una puerta trasera del hotel que daba a la T Street, acompañado de su asistente especial Rick Ahearn, el subjefe de gabinete Mike Deaver, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca James Brady, y los miembros del equipo del Servicio Secreto. Todo parecía normal. En la calle, la puerta de la limousine presidencial ya estaba abierta, esperando. Sonriente y saludando con el brazo izquierdo en alto a las personas que le aguardaban, Reagan se disponía a entrar en el coche que debía llevarlo a la Casa Blanca.

Inesperadamente, se oyeron seis disparos dirigidos desde un costado hacia la comitiva presidencial. El primer disparo dio de lleno en la cabeza de James Brady que quedaría tetraplégico. El segundo hirió al policía Thomas Delehanty. El tercero rozó al Presidente y terminó en la ventana de un edificio cercano. El cuarto hirió en el abdomen al agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy. El quinto pegó en el cristal de la puerta abierta de la limousine. Y el sexto y último penetró debajo del brazo izquierdo del Presidente hasta quedar alojado en su pulmón.

Mientras los agentes de la policía del Distrito de Columbia se avalanzaban sobre el tirador John Hinckley, un joven de 25 años, la limousine presidencial salía disparada hacia la Casa Blanca. Nadie se había percatado de que el Presidente estaba herido. Este sentía un fuerte dolor en el costado que creía producto de la rotura de alguna costilla por el golpe sufrido al saltar sobre él su guardaespaldas Jerry Parr en el momento de los disparos. Mientras la noticia saltaba a los medios, Mike Deaver llamó al Jefe de Gabinete James Baker para informarle que Reagan no había sido herido. Pero poco después la comitiva tuvo que desviarse para emprender camino al Hospital George Washington. El Presidente había empezado a echar sangre por la boca. Tenía un orificio de entrada bajo su axila izquierda y la bala, que había rozado el corazón, se encontraba aún dentro. Tenía que ser operado de urgencia.

Este sería el comienzo de unas horas caóticas en las que las versiones contradictorias y la falta de información hizo saltar todas las alarmas. La Primera Dama se dirigía al Hospital y el Vicepresidente Bush se encontraba de viaje en Texas con problemas en las comunicaciones. Durante las tres horas largas que duraría la intervención quirúrjica, un Gabinete de sólo dos meses de vida se reunió en la Sala de Situaciones sin una cabeza visible. Ante la falta de información, llegó a discutirse sobre la posible implicación soviética en el atentado dada la presencia más elevada de lo habitual de submarinos soviéticos en la costa Atlántica. Pero pronto trascendió que había sido un "desquiciado".

El subsecretario de prensa Larry Speakes fue preguntado por los periodistas sobre quién estaba al mando del Gobierno. "No puedo responder a esa pregunta en este momento". Tras escuchar a Speakes, el Secretario de Estado Alexander Haig, General de cuatro estrellas, irrumpió en la Sala de Prensa de la Casa Blanca para decir: "Constitucionalmente, caballeros, tenemos al Presidente, al Vicepresidente y al Secretario de Estado, en ese orden. Si el Presidente decidiera que quiere traspasar los poderes al Vicepresidente, lo podrá hacer. Mientras tanto, yo estoy al mando aquí, en la Casa Blanca". Haig se saltó la Constitución a la torera -el tercero en la línea de sucesión es el Speaker of the House y el cuarto el Presidente pro tempore del Senado- y firmó su sentencia como Secretario de Estado ganándose la desconfianza de todo el Gabinete.

Para la historia ha quedado la grabación de aquel episodio. Ni los cineastas norteamericanos de la generación de la violencia hubieran rodado mejor el atentado.

Video I: el momento grabado en video.


Video II: la confusión de las primeras informaciones en ABC News.